Un camino caprichoso, arriesgado, apasionante y muy muy muy de equipo.

En este artículo voy a hablar a calzón quitado de nuestro proceso de innovación en MusicalThinkers.

Es más fácil hacerlo, claro está, cuando sabes que el resultado está siendo excelente. Así que por una parte me sirve para sacar pecho (y agradecer al equipo) y por otra para compartir con las personas y equipos que quieran innovar, las fases y decisiones que hemos ido tomando, no siempre evidentes y no siempre acertadas.

En primer lugar me gustaría contextualizar la realidad de MusicalThinkers en febrero de 2020: nuestra empresa ya tenía un componente importante de innovación en el campo de la formación y el desarrollo de equipos, ya que nos dedicamos a unir la experiencia de la música (principalmente poniendo a los equipos a tocar música) a la necesidad de enfrentarse juntos a lo nuevo, de escucharse mejor y de conectarse mejor emocional y creativamente. Estas experiencias las estábamos aplicando cada vez de manera más concreta y efectiva para enriquecer distintas metodologías de desarrollo de equipo, como puede ser el caso de la Teoría U o Insights Discovery y para complementar las formaciones que impartían nuestros consultores asociados.

Así éramos antes:

Todo esto lo hacíamos con un equipo de 3 personas implicadas en el día a día de la empresa y un pool de músicos habituales con los que contábamos para nuestras sesiones.Pero, al igual que tantos consultores, todo lo hacíamos en presencial, y ni se nos había pasado por la cabeza hacer nada en virtual.

Cuando irrumpe el virus Covid-19, todo cambia.

Entonces decidimos iniciar un proceso de digitalización. En mi caso la determinación de digitalizar surgió muy pronto, ya que fui de los primeros enfermos de Covid en España e intuí rápido por propia experiencia física que esto iba a ser grave. Recuerdo la primera reunión de equipo para innovar estando yo ingresado en el hospital. Esta anécdota carecería de importancia si no fuese porque una de las principales claves para nosotros ha sido la empatía. Efectivamente convocamos por Zoom a todo el equipo de músicos que colaboraban más activamente con nosotros y les implicamos en este proceso de innovación. Esta primera reunión la tuvimos hacia el 13 de marzo y ciertamente era un momento de mucho miedo. Ese contexto hizo que construyéramos un espacio de apoyo humano que iba más allá de la innovación, y ese apoyo generó lazos muy sólidos entre nosotros, que nos ayudaron en los momentos en los que el proceso de innovación nos ponía a prueba.

También contábamos con un experto en procesos de innovación como es el caso de Julio Legido, con el que posteriormente hemos desarrollado propuestas de innovación y de desbloqueo creativo de equipos incorporando la música.

El primer paso consistió en plantear adecuadamente la exigencia: tenemos que generar experiencias musicales on-line. Todos expusimos nuestras ideas y aportaciones. En este proceso fueron fundamentales las competencias digitales de algunos de los miembros del equipo y todas las aportaciones creativas para adaptar las posibilidades de la música.

WWW.STAYCREATIVE.SPACE

Pasado el tiempo nos reunimos 2 o 3 veces más y entonces surgió la idea de crear una plataforma digital: www.StayCreative.space . Esta plataforma buscaba responder a una necesidad que habíamos detectado en ese momento: conseguir que empleados de las empresas y sus familias tuvieran un espacio de “libertad creativa” en un momento de incertidumbre y encierro. Sin embargo esta necesidad mutó muy rápido en un estado de hiperactividad de los equipos y de congelación total de todo presupuesto no fuera estrictamente esencial para el funcionamiento de las empresas.

Al mismo tiempo un cliente francés nuestro nos pidió una actividad para un grupo de 300 personas a principios de mayo, lo que nos redirigió a la actividad en vivo Online.

Este fue el reto que más nos puso a prueba como equipo. ¿Cómo conseguir que nosotros, sin salir de casa y desde distintas ubicaciones pudiéramos sonar juntos en una actividad online en Francia? Ciertamente muchos músicos habían grabado vídeos en los que sonaban juntos desde distintas localizaciones, pero no eran vídeos en vivo, sino sincronizados a posteriori. Debíamos ser capaces de burlar la latencia en vivo.

Entonces fue cuando el equipo se volcó en la búsqueda. Pasamos de ser músicos a ingenieros de telecomunicaciones y tuvimos que realizar pruebas interminables con distintos sistemas, cada cual más complejo, así como generar actividades piloto.

Finalmente lo conseguimos y la actividad que realizamos fue un éxito. El cliente nos había redireccionado, y nosotros encontramos el camino, con un enorme esfuerzo colectivo que debía continuar para seguir mejorando la experiencia y asegurar las conexiones.

 

 

Sin embargo tuvimos que experimentar un proceso de tolerancia a la frustración bastante potente, ya que en un principio no era fácil detectar qué era lo que fallaba cuando algo fallaba o como mejorar la calidad del sonido. Y al principio, siempre fallaba algo, lo que nos obligaba a desarrollar nuevos protocolos y soluciones constantemente.

También tuvimos que crear nuevas actividades adaptadas con sentido y con dinamismo para enganchar a los participantes online y generar un impacto real. Para ello contamos con todo el potencial creativo del equipo de músicos, aprovechando la capacidad de algunos de nuestros músicos para improvisar y crear piezas sobre la marcha y sacando partido de toda nuestra capacidad para emocionar en vivo.

Aunque el proceso era fascinante, también fue tremendamente exigente y con pocas posibilidades de invertir en todo ese tiempo que consumía todo el equipo. En ese contexto decidí hacer un acuerdo con el equipo: de todo lo que facturásemos con estas innovaciones, un porcentaje sería para una “bolsa de innovación” que se dividiría a partes iguales y se liquidaría cada mes.

Esto en sí no suponía grandes cantidades a corto plazo, pero sí un gesto que consideré justo y que el equipo recibió con agradecimiento. Al fin y al cabo lo que salía del equipo era fruto del esfuerzo de todos y se tenía que reflejar de alguna manera en su compensación económica.

 

Cuándo la Barrabés Attitude Academy nos eligió como caso de éxito fue un reconocimiento maravilloso. Sin embargo nuestro esfuerzo en ese momento no era proporcional a los clientes que nos llamaban. El mercado estaba casi totalmente paralizado. Aún así algunos pocos que seguían activos nos llamaban. Todos los meses desde mayo tuvimos facturación, lo cual en estas circunstancias no era poco…

También hubo momentos de duda y de lógico conflicto. No todas las personas tienen por qué comprender la necesidad de innovar y estar dispuestas al esfuerzo que supone. El impulso de la innovación no tiene por qué tenerlo todo el mundo y no se puede forzar. Ese fue uno de mis principales aprendizajes. Pero también, ante la incertidumbre se generaba excepticismo: ¿para qué todo este esfuerzo si dentro de nada todo seguirá igual que antes? El tiempo nos ha dado la razón porque ahora, más que nunca sigue siendo necesario lo que hemos desarrollado, pero en aquel momento no era tan evidente. Debo decir que no fue por intuición certera que continuamos con los esfuerzos, sino más bien por terminar de hacer bien lo que habíamos iniciado, además de mantenernos activos en un momento en que otra cosa hubiera causado desánimo de todos.

Por otra parte, en el proceso de digitalización también inevitablemente hay personas que por sus competencias o también por el bloqueo ante una situación tan difícil e inesperada, pueden quedar excluidas. Además de no forzar de más, creo que es importante apoyarlas, y eso es bueno para el equipo. Al hacer esto el equipo entiende que no se tiene en cuenta a las personas solo por lo que pueden dar, sino por su valor como personas y el valor que han demostrado como profesionales a lo largo de su carrera.

Esta coherencia en los valores mostrados también es fundamental y por momentos exigente.

En conclusión, ahora resulta que hemos desarrollado una propuesta on-line única y testada, que supone un éxito en cada actuación, y que más que nunca es necesaria. Y seguimos desarrollando nuevas posibilidades…

Pero el aprendizaje más importante es que, más allá de aciertos y errores, la innovación en equipo abre puertas impensables, nos anima, nos motiva y nos hace entrar en una dinámica en la que las posibilidades de futuro se multiplican, dejando que sean nuestros clientes quiénes nos dirigen.

Espero, que más allá de sacar pecho, este breve caso real sirva para enriquecer la experiencia de los que estáis descubriendo en la innovación un camino irrenunciable.

Gracias Manuela Frescó, Julio Legido, Yeray Ruiz, Sergio Marqueta, Luis Morate, Alin Padilla, Rubén Tajuelo, Cristina Rubio, Andrea Guasch, Carlos Criado y Alcione Guerrero por hacerlo posible. Seguimos.