Dicen que la ignorancia es atrevida. Yo creo que la ignorancia es poderosa, muy poderosa. Pero para ello, la única condición es que uno no olvide lo ignorante que es.
Cuando uno es consciente de lo ignorante que uno, en realidad es, empieza a hacer algo muy importante, que se les da especialmente bien a los niños: preguntar.
Porque el problema que tiene el que cree que sabe, es que tiende a dar cosas por hecho y no pregunta. Y aprender a preguntar es en realidad aprender a escuchar, y viceversa.
Dicen también que la información es poder, pero yo creo que el verdadero poder consiste en saber que es infinitamente más lo que uno ignora, que lo que uno conoce. Solo así, en el vasto mar de información en el que vivimos podemos empezar a centrar la atención, de manera casi misteriosa, en lo verdaderamente importante.
¿Qué es aquello que ahora ignoro y que es verdaderamente importante para mí? ¿Qué es aquello que yo puedo entender o hacer y todavía no sé que puedo entender o hacer? ¿Qué es aquello que creo realmente importante ahora y que realmente no lo es? ¿Qué es lo que debo soltar y lo que debo dejar venir?
En ese aire de incertidumbre intangible, de desconcierto temporal, de desapego máximo, es dónde puede llegar a hacerse presente lo verdaderamente valioso, lo desconocido, lo que me corresponde entender en este momento para avanzar en el mejor futuro posible, ese que ahora me cuestiona.
Iniciar el camino hacia el conocimiento que guía los mejores pasos hacia el futuro, es en el fondo reconocer el valor de la propia ignorancia. Son muchos los que se preguntan hoy en día cómo responder a nuevos desafíos. Pero es justamente en la dificultad, cuando uno es consciente de su propia ignorancia, cuando podemos aprender a elegir el mejor camino posible. Por eso es ese silencio que precede a cada respuesta, ese desconcierto inicial de no entender para después tratar de dar sentido, es ese instante preciso, el más valioso para alcanzar algún conocimiento, para iniciar un movimiento real. Porque si vivimos reconociendo lo poco que sabemos, sabremos por lo menos algo que nos guiará por un camino más cercano al misterio de lo profundamente verdadero.