Siempre me ha parecido que el enamoramiento no deja de ser una oportunidad para salir del ensimismamiento y vivir en relación a otra persona, porque el ser humano es un ser de relación.

El cliente y la relación de servicio que se establece con él, en cierto modo, también resulta un dinamizador positivo que lleva a las personas y equipos a ponerse en actitud de servicio.

Es probablemente ese fenómeno, el que más ennoblece el sistema que tantas veces criticamos, porque se crea una virtuosa relación de servicio, que es, casi siempre, justamente recompensada (no sin desvelos y vicisitudes).

Volviendo al caso de los enamorados, uno/a podrá presentarse a una cita con distintas actitudes: la primera sería exponer sus maravillosas cualidades para demostrar a la otra persona lo estupendo/a que es. Si coincide con que el pack gusta, lo mismo hay suerte…(mucha, demasiada suerte).

La segunda sería escuchar con apertura y tratar de ver cómo conectar con la otra persona.En este caso surgirán las lógicas preguntas, explícitas o implícitas: ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? ¿Cuál es tu historia? (y un largo etc…).

Toda relación que parte de la escucha multiplica sus posibilidades de éxito.

Lo que pasa es que con el tiempo empezamos a dar por hecho. Y ahí pueden empezar los problemas. Dar por hecho es lo contrario de escuchar.

Entonces surge el miedo a preguntar. El miedo es paralizante. Y sin embargo la pregunta es la base de la escucha.

Muchos proveedores tienen miedo a preguntar a sus clientes, igual que muchos fumadores tienen miedo de ir al médico, a ver qué les va a decir…

Sin embargo no existe ejercicio más sano, que nos ayude a ser verdaderamente humildes y eficientes. Si no lo estamos haciendo ya, tenemos que hacer ese esfuerzo de re-afinarnos con nuestros clientes, porque en definitiva, son ellos los que construyen el presente y futuro de nuestra organización. Si no estamos en armonía y ritmo con ellos, da igual la belleza y calidad de nuestra melodía.

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Qué me impide preguntar, escuchar e indagar más a fondo en la satisfacción, expectativas, necesidades de mis clientes?

Cada cual tendrá su respuesta. Lo que he detectado en sesiones con algunos equipos es un miedo manifiesto a que les digan que son menos guapos de lo que creen. Sin embargo, una vez en marcha y superada la limitación, lo agradecen, porque ¿quién no quiere tener una mejor relación con quién más le importa?

Cómo dice el sabio refranero español: “nunca es tarde si la dicha es buena”. Y nunca es tarde para escuchar mejor.